Hoy
a cinco años de la noticia recuerdo que al escuchar esas palabras, las más
temidas las menos deseadas, mi corazón se detuvo y la tristeza me inundó,
aquellos brazos que me sostenían al llorar no lo iban a hacer más,
ahora son mis manos las que contienen su llanto.
Hoy
aun la incertidumbre del mañana llena de sombrío nuestro presente, y las lágrimas mis ojos, el vació en el pecho se incrementa y el dolor se hace crónico; mi
padre nunca será el mismo, el vació de su mirada perdida refleja su pena, su
cuerpo nunca más volverá a estar quieto.
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